Verde y negro

rio-darro-nevadoElegía para Pilar

Hoy me engalané
para recordarte.
Cual jovenzuelo,
desempolvé las gastadas ropas,
como un modesto homenaje
para perpetuarte.

Verde, el de tus ojos
y el de tu blusa;
verde, de nuestra cumbre
y de tu risa.
Negro, el de mi luto
por tu temprano vuelo;
negro, como el vacío
y mi desconsuelo.

Al fijarte en este rostro melancólico
me coronaste al más alto podio
que un hombre osara soñar.
Las noches se tornaron claras,
los caminos luminosos,
las personas nobles…
El quijote que yacía en mis entrañas
bruñó su mejor armadura,
para lucirla, vanidoso,
en su andadura.
Los machos afloraron su envidia,
las féminas, su admiración;
tú, la perfidia
y yo, alma cándida,
la desesperación.
Busqué cobijo en la morería,
pero mi zozobra, tan honda,
solo Al-Wali la podía reprimir.
No buscaba aventuras,
solo —se dice pronto— sobrevivir.
Tu figura eclipsaba el mundo
y el tormento, obstinado,
todo mi devenir.
Cuando conocieron tu muerte
mis escombros ansiaron morir
para reunirse contigo,
mi sublime cadáver,
en el apacible Jardín.
«¿A qué viene este amargo llanto?»,
me vino alguien a decir.
Se me ha muerto media vida,
que nadie, creedme, podrá restituir.

Verde como tus ojos.
Negro como tu pelo.
Verde como tu blusa,
negro, ay, como mi duelo.

José Urbano © 2010

2 comentarios

  1. QUE FUERTE…..ES ASÍ CUNADO SE AMA DESDE EL ALMA..
    ME GUSTÓ.

  2. Gracias Pamela. Aquello fue un desgarro de muerte, del que me temo que nunca me repondré. Un beso.

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